NiƱos diversos pero muy capaces

NiƱos diversos pero muy capaces

Situación. Uno de cada diez alumnos tiene dificultades de aprendizaje, siendo la dislexia (afecta al 2-8% de la población escolar) y el TDA-H (entre el 2 y el 5%) las mÔs habituales

En todas las clases hay al menos uno y mĆ”s que probablemente un par de ellos. Y es que las estadĆ­sticas hablan de que uno de cada diez alumnos tiene dificultades especĆ­ficas de aprendizaje, si bien esta es una realidad aĆŗn un tanto difusa dado que queda mucho por avanzar en cuanto a la detección y al reconocimiento de estos trastornos para los que debe existir una respuesta educativa que garantice el principio bĆ”sico de igualdad de oportunidades y equidad en la educación.

No fue hasta hace una década que se materializó la inclusión del alumnado con dificultades de aprendizaje en el marco normativo estatal (Ley OrgÔnica 2/2006) y autonómico (Ley de Educación de Andalucía 17/2007), encontrando cabida dentro del colectivo de alumnos con necesidades específicas de apoyo educativo.

Así, la Administración entiende por alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo por dificultades de aprendizaje «aquel que requiere, por un periodo de escolarización o a lo largo de toda ella, una atención diferente a la ordinaria por presentar desórdenes significativos en los procesos cognitivos bÔsicos implicados en los procesos de aprendizaje, que interfieren significativamente en el rendimiento escolar y en las actividades de la vida cotidiana del alumno o alumna, y que no vienen determinadas por una discapacidad intelectual, sensorial o motriz, por un trastorno emocional grave, ni por falta de oportunidades para el aprendizaje o factores socioculturales».

Un espectro amplio en el que se engloban cuatro categorías: dificultades significativas en la adquisición y uso de la lectura, escritura, cÔlculo y razonamiento matemÔtico (aquí entrarían trastornos como la dislexia, la disgrafía, la disortografía y la discalculia); dificultades por retraso en el lenguaje a nivel fonológico, morfosintÔctico, semÔntico y/o pragmÔtico; dificultades por capacidad intelectual límite en niños con un cociente intelectual inferior al de la población general (CI entre 70 y 80); y dificultades derivadas de trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (conocido como TDA-H).

La dislexia y el TDA-H son quizÔs las mÔs relevantes de todas estas dificultades de aprendizaje porque afectan a un segmento de la población escolar nada desdeñable, teniendo ademÔs una serie de cuestiones en común, como su condición de trastornos neurobiológicos, su mÔs que probable origen genético o su complicado (y en general retardado) diagnóstico; no en vano suelen venir acompañados de otras patologías.

Se trata, por lo demĆ”s, de trastornos difĆ­cilmente aceptados y asumidos por el entorno (familiar, escolar, social…), de manera que los niƱos que padecen dislexia o TDA-H suelen padecer el rechazo del resto de alumnos cuando no directamente el acoso que tanto daƱo aƱade a una realidad ya de por sĆ­ complicada de manejar.

Dislexia en positivo

Precisamente el enfoque en positivo es el leit motiv que defiende Asandis (Asociación Andaluza de Dislexia), cuyo presidente, JesĆŗs Gonzalo, advierte que Ā«en AndalucĆ­a no se han diagnosticado todavĆ­a ni 10.000 de los alrededor de 80.000 casos que puede haber en edad escolarĀ».

Esta entidad define la dislexia como «la dificultad para aprender a leer y escribir al mismo ritmo que la media de los compañeros de clase, sin causa intelectual, sensorial, emocional y/o socio-cultural que lo justifique, de origen o etiología genética, con características neuromorfológicas específicas demostradas científicamente y, en consecuencia, con una cronicidad permanente; aunque puedan paliarse o mejorarse, nunca eliminarse, sus consecuencias, con entrenamiento sistemÔtico y específico».

Los sujetos con dislexia constituyen el 80% de los diagnósticos de trastorno del aprendizaje, situÔndose la prevalencia en torno al 2-8% de los niños escolarizados.

El principal hÔndicap con que se encuentran los disléxicos es que su trastorno no es compatible con nuestro sistema educativo, pues todos los aprendizajes se realizan a través del código escrito y a través de la lectura.

La dislexia va mucho mĆ”s allĆ” de tener dificultades en la lectura y en la escritura, ya que implica problemas de compresión, de memoria a corto plazo, de acceso al lĆ©xico, confusión entre la derecha y la izquierda, dificultades en las nociones espacio-temporales… un caos ante el que muchas veces se le considera vago o poco inteligente, craso error porque su capacidad intelectual es igual o superior a la media.

En lo que atañe al TDA-H (trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad), es una patología psiquiÔtrica que padece entre un 2 y un 5% de la población infantil. Según datos de la Consejería de Educación relativos al curso 2015/16, en Andalucía se han detectado 32.682 alumnos, lo que representa al 1,8% del total del alumnado. El TDA-H es crónico y comienza a revelarse antes de los siete años. MÔs del 80% de los niños seguirÔn presentando problemas en la adolescencia, y mÔs del 30% en la edad adulta.

EstÔ caracterizado por una dificultad de mantener la atención voluntaria frente a actividades, tanto académicas como cotidianas, unido a la falta de control de impulsos. En Aspathi (Asociación Sevillana de Padres y Afectados por Trastornos Hipercinéticos) tiene 200 familias en Sevilla capital. «Hay de media dos niños en cada clase, pero la mayoría no estÔn diagnosticados», lamenta su presidenta, Rosario Blanco.

El concepto dificultades de aprendizaje es muy amplio, abarcando trastornos que muchas veces se solapan o coexisten y que afectan de forma directa al rendimiento acadƩmico del alumno. AdemƔs de dislexia y TDA-H, hay otros menos frecuentes, como:

DisgrafĆ­a: dificultades en la exactitud de la escritura de palabras, en las habilidades de procesamiento fonológico, a la hora de llevar a cabo la asociación fonema-grafema, en la sintaxis y en la composición que puede estar acompaƱada de dificultades en los procesos grafomotores.

DisortografĆ­a: dificultades en la escritura, en la aplicación de la ortografĆ­a arbitraria y/o las reglas ortogrĆ”ficas que no afecta al trazado o grafĆ­a de la palabra.

Discalculia: bajo rendimiento en el cĆ”lculo operatorio de adición, sustracción, multiplicación y división, y en ocasiones en la compresión de problemas verbales aritmĆ©ticos.

La FEDIS es miembro efectivo de la Asociación Europea de Dislexia

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